¿Deben disolverse los rellenos antes de un lifting facial o una rinoplastia? ¿Por qué los cirujanos plásticos prefieren disolver los rellenos antes de la cirugía?
¿Por qué se han vuelto tan populares los tratamientos con rellenos?
En los últimos años, los tratamientos con rellenos se han convertido en uno de los procedimientos estéticos más realizados. Al no requerir cirugía, poder realizarse en poco tiempo y ofrecer resultados visibles rápidamente, millones de personas recurren a los rellenos para aportar volumen al rostro, reducir las líneas de expresión o conseguir una apariencia más joven.
Sin embargo, que los rellenos se hayan vuelto tan populares no significa que sus efectos a largo plazo siempre se tengan suficientemente en cuenta. Especialmente los tratamientos repetidos con grandes cantidades de relleno pueden generar dificultades técnicas importantes en pacientes que posteriormente desean someterse a un lifting facial (facelift) o una rinoplastia.
Por eso, una de las preguntas más importantes al planificar una cirugía estética es:
¿Deben disolverse los rellenos antes de un lifting facial o una rinoplastia?
La respuesta breve es que, en muchos casos, sí. Sin embargo, los detalles son muy importantes.
Existe una gran diferencia entre los rellenos temporales y los permanentes
En primer lugar, es importante entender que no todos los rellenos son iguales.
En términos generales, los rellenos pueden dividirse en dos grupos:
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Rellenos temporales o disolubles
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Rellenos permanentes o semipermanentes
Actualmente, los rellenos a base de ácido hialurónico se consideran una de las opciones más establecidas y seguras para muchas aplicaciones estéticas. Cuando es necesario, pueden disolverse en gran medida mediante la enzima hialuronidasa.
En cambio, los rellenos permanentes como la silicona, el PMMA y otros materiales similares pueden permanecer en los tejidos durante muchos años. Con el tiempo pueden desplazarse, provocar reacciones inflamatorias crónicas, endurecerse y resultar muy difíciles de eliminar durante una cirugía posterior.
Por este motivo, en la medicina estética moderna se recomienda evitar los rellenos permanentes siempre que sea posible.
¿Disolver el relleno soluciona todos los problemas?
Por desgracia, no.
Existe una idea equivocada bastante extendida:
“No pasa nada porque el relleno se puede disolver.”
En realidad, la situación es mucho más compleja.
Aunque los rellenos de ácido hialurónico pueden disolverse en gran medida, esto no significa necesariamente que la anatomía facial vuelva completamente a su estado original.
Con el paso del tiempo, los rellenos no siempre permanecen exclusivamente en el lugar donde fueron inyectados. La gravedad, los movimientos faciales y los diferentes planos de los tejidos pueden favorecer su desplazamiento hacia otras zonas.
Por ello, incluso después de disolver el relleno, pueden permanecer pequeñas cantidades de material en los tejidos.
Además, los efectos de los rellenos no se limitan al propio material. La estructura natural y la relación entre las diferentes capas de tejido también pueden cambiar con el tiempo.
Lo que encontramos durante la cirugía puede ser diferente de lo que el paciente imagina
Durante los liftings faciales, en pacientes con antecedentes de tratamientos intensivos con rellenos, podemos observar cambios anatómicos importantes.
En condiciones normales, el rostro está formado por diferentes capas de tejido. El cirujano puede avanzar siguiendo estos planos anatómicos naturales para realizar una disección controlada.
Sin embargo, en pacientes que han recibido numerosos tratamientos con rellenos, estos planos naturales pueden estar alterados.
Durante la cirugía, los restos de relleno pueden presentar una apariencia:
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pastosa,
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gelatinosa,
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irregular o
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fragmentada.
Estos materiales no necesariamente se encuentran en un único punto. Pueden estar distribuidos por diferentes regiones anatómicas.
Como consecuencia, los planos naturales de los tejidos pueden ser menos evidentes, las diferentes capas pueden adherirse entre sí y la disección quirúrgica puede resultar más compleja de lo esperado.
Esto no solo aumenta la dificultad técnica de la intervención, sino que también puede dificultar que el cirujano siga la anatomía natural.
Los rellenos no solo aportan volumen: también pueden cambiar el comportamiento de los tejidos
Los tratamientos repetidos con rellenos pueden producir algo más que un simple aumento de volumen.
A largo plazo, pueden:
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alterar la separación natural entre las diferentes capas de tejido,
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provocar cambios en el tejido conectivo,
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influir en la tendencia a desarrollar edema,
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modificar la elasticidad de los tejidos.
Especialmente en pacientes que han recibido grandes cantidades de relleno de forma repetida durante muchos años, los movimientos naturales del rostro también pueden verse modificados.
Por tanto, para el cirujano el problema no consiste únicamente en eliminar restos de relleno. Se trata de trabajar sobre una anatomía que ha cambiado.
¿Por qué son importantes los rellenos antes de una rinoplastia?
Los rellenos nasales se han vuelto muy populares en los últimos años.
Sin embargo, en pacientes que están planificando una rinoplastia quirúrgica, es fundamental tener en cuenta los tratamientos de relleno realizados anteriormente en la nariz.
La nariz es una región con una vascularización especialmente delicada.
Los rellenos nasales pueden desplazarse con el tiempo hacia diferentes planos de tejido o dejar restos irregulares.
Por ello, antes de una rinoplastia puede ser recomendable evaluar el relleno existente y, cuando sea necesario, disolverlo con suficiente antelación y permitir posteriormente un periodo adecuado para que los tejidos se recuperen.
No todos los pacientes son iguales.
La cantidad de relleno, el producto utilizado, el momento en que se realizó la inyección y el número de tratamientos anteriores pueden modificar el enfoque quirúrgico.
La nueva tendencia: ¿Son realmente inocuos los agentes bioestimuladores?
En los últimos años, además de los rellenos clásicos, los agentes bioestimuladores también se han vuelto cada vez más populares.
Estos productos no buscan únicamente crear volumen directamente. Su objetivo es estimular la producción de colágeno del propio organismo y favorecer un rejuvenecimiento más duradero.
Cuando se utilizan en el paciente adecuado y con una indicación correcta, pueden proporcionar buenos resultados.
Sin embargo, existe un punto importante que debe tenerse en cuenta.
Una parte del volumen generado no depende únicamente del producto inyectado, sino también de la respuesta posterior de fibrosis y tejido conectivo.
Precisamente estos cambios pueden generar nuevas dificultades para el cirujano durante un lifting facial realizado años después.
Los planos de tejido que normalmente pueden separarse con relativa facilidad pueden volverse más firmes y menos móviles.
La disección puede ofrecer mayor resistencia.
La movilidad natural de los tejidos puede verse reducida.
Por este motivo, los agentes bioestimuladores no deberían considerarse tratamientos estéticos completamente “inocuos”.
Como ocurre con cualquier procedimiento estético, la correcta selección del paciente, una indicación adecuada y una aplicación moderada son fundamentales.
¿Todos los rellenos son malos?
En absoluto.
El objetivo de este artículo no es presentar los tratamientos con rellenos como algo negativo en general.
Los rellenos pueden ser una herramienta valiosa dentro de la medicina estética cuando se utilizan en el paciente adecuado, con el producto correcto y en una cantidad apropiada.
Sin embargo, actualmente, también influido por las redes sociales, observamos una tendencia creciente:
el uso de cantidades muy elevadas de relleno en el rostro.
Especialmente cuando se aplican grandes cantidades simultáneamente en diferentes zonas como:
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tercio medio facial,
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mejillas,
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línea mandibular,
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sienes,
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ojeras,
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región de los pómulos,
el resultado a largo plazo puede ser una alteración de la anatomía facial natural.
Un rostro joven no es lo mismo que un rostro con un volumen excesivo.
¿Cuál es entonces el enfoque más seguro?
El enfoque adoptado actualmente por muchos cirujanos plásticos y especialistas en medicina estética puede resumirse de forma sencilla.
Los rellenos pueden utilizarse cuando existe una indicación adecuada.
Siempre que sea posible, deberían preferirse rellenos disolubles a base de ácido hialurónico.
Las zonas anatómicamente limitadas, como los labios, deberían tratarse de forma moderada.
Deberían evitarse las cantidades de relleno innecesariamente elevadas.
Los tratamientos de todo el rostro con volúmenes muy altos pueden generar, a largo plazo, más inconvenientes que beneficios.
En la medida de lo posible, deberían evitarse los materiales de relleno permanentes.
Conclusión
En los procedimientos estéticos no se trata únicamente de mejorar el aspecto actual. También debemos considerar si los tratamientos realizados hoy podrían dificultar una futura intervención quirúrgica.
En pacientes que están planificando un lifting facial o una rinoplastia, los tratamientos de relleno realizados previamente deberían evaluarse como parte de la planificación quirúrgica. En los casos en los que esté indicado, disolver los rellenos antes de la cirugía puede facilitar la planificación y realización del procedimiento.
Sin embargo, es importante entender que haber disuelto un relleno no significa automáticamente que los tejidos vuelvan por completo a su anatomía original.
Los tratamientos repetidos durante años con grandes cantidades de relleno, así como el uso excesivo o inadecuado de agentes bioestimuladores, pueden hacer que las cirugías posteriores sean técnicamente más complejas y que los tejidos sean más resistentes durante la disección.
En medicina estética, el enfoque más adecuado muchas veces no consiste en realizar el mayor número posible de tratamientos, sino en realizar el tratamiento correcto, en la cantidad adecuada y en el momento adecuado.
Less is more.
Especialmente cuando hablamos de tratamientos con rellenos en el rostro, esta frase quizá sea más importante que nunca.